Llorando de Noche y Sonriendo de Día

Estamos hechos de estrellas.

Trigésimo quinto relato "Living la vida Georgia" 23 febrero, 2018

Música: Bon Iver - Holocene ; Foto: @travelarmenia.org

Hace ya tiempo que Carl Sagan nos obsequió con una cita sobrecogedora, explicada en esa absoluta maravilla que es su serie documental Cosmos. En su primer episodio titulado "En la orilla del océano cósmico", justo en el cuarto minuto, pronunció la ya mítica frase: "El cosmos también está dentro de nosotros: estamos hechos de materia estelar, y somos el medio para que el cosmos se conozca a sí mismo".

Sagan y Armenia están asociados, irremediablemente, con el cosmos ya que esta última, ha mirado a las estrellas desde tiempos inmemoriales. Las constelaciones, los signos del zodíaco y los calendarios antiguos abundaban en este arrinconado país, mientras que el resto del mundo estaba cobrando vida. Aunque sus fenomenales observatorios astronómicos, con menos fama y mucho mas antiguos que el mismo Stonehenge, yacen emergiendo hacia el cielo olvidados, es imposible no emocionarse ante las inmensas piedras megaliticas que forman Karahunge cuya traduccion es: "Las piedras que cantan" o ante Metzamor.

En la pequeña aldea de Byurakan, situada en la alta meseta armenia con el monte Aragats como telón de fondo, nos encontramos varias cúpulas plateadas resplandeciendo bajo el sol. Nos acercamos y pudimos apreciar de cerca el enorme Observatorio Astrofísico de Byurakan, un importante centro astronómico que se creó durante la era soviética aprovechando la idoneidad del firmamento armenio y que tras el desmantelamiento de la Unión Soviética, y la falta de fondos intenta seguir desempeñando un papel crucial en el descubrimiento de galaxias lejanas, brillantes supernovas o escurridizos quásares.

Sabiendo que estamos hechos de estrellas no pudímos marcharnos de allí, sin vivir lo que durante milenios los armenios han sentido al admirar desde allí, la vía láctea. La noche fue fría pero perfecta, ya que ninguna nube nos impidió disfrutar del espectáculo, así que en silencio, en medio de un improvisado picnic invernal, acostados sobre nuestras espaldas entendímos, rapidamente, la admiración que profesan los armenios a sus cielos, sintiéndonos insignificantes intentando divisar los extremos del universo en ese espacio infinito.

No sabemos si Sagan lloró de emoción al ver la bóveda celeste desde Armenia, y si fue justo aquí, cuando él llegó a la conclusión de que, el cosmos también está dentro de nosotros, pero a mí una lagrima me cayó ante tanto embrujo.

Te sigo avisando, Armenia no solo enamora sino que es un país peculiar en el que en las noches estrelladas debe ser normal llorar hasta el alba.

 

 

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