Colorado on the road

Mis países preferidos son: Turquía, India, Colombia, Malawi y Tanzania.

Para mi viajar es...una apasionante aventura.

Javier Colorado es madrileño, nacido en el 86, Diplomado en Ingeniería Técnica Industrial e Ingeniería Química y entusiasta del deporte. El 1 de Octubre de 2013, desde la madrileña Puerta del Sol, emprendió en solitario la aventura de su vida persiguiendo el sueño de dar la vuelta al mundo en bicicleta. Este viaje lo completó el 3 de Diciembre de 2016. Puedes encontrar esta y otras aventuras en su blog "Colorado on the Road".

  • Ciudad/Lugar (+ pais) más impresionante donde hayas ido:
    Parque Nacional Yasuní, Amazonas, Ecuador.

  • Hotel/Lugar (+ pais) más espectacular donde hayas dormido:
    Acampada en el Salar de Uyuni, Bolivia.

  • Restaurante/lugar (+ pais) más exquisito donde hayas comido:
    Pan con judías y de beber agua del Nilo sin purificar, en una jaima en Sudán. Cuando viajas sin dinero valoras cualquier gesto de hospitalidad.

  • Ciudad/lugar (+ pais) donde NO te gustaría volver:
    Al caótico tráfico de Nueva Delhi, India.

  • Manía viajera:
    Siempre he sido muy ordenado, sobretodo en la tienda de campaña.

  • Top 5 de países preferidos:
    Turquía, India, Colombia, Malawi y Tanzania.

  • Top 3 de países donde no has estado y te gustaría visitar:
    China, Australia y Mongolia.

  • Artículo viajero propio en revistas preferido:
    Javier Colorado navega 3.000 kilómetros por el Amazonas con una canoa de madera

  • Post/Articulo viajero propio más leído (visitas):
    Colorado on the road: Pakistán
    .

  • Libro viajero propio o de otros preferido:
    "La Anécdota 101" Libro digital, cuyos fondos van destinados a la ONG The South Face, y que está disponible en Amazon, GooglePlay y AppleStore.

  • Post en Facebook propio más aclamado:
    "Volver a casa después de #3AñosDeVueltaAlMundo conlleva cerrar una etapa de la vida, pero también comenzar una nueva. Miro atrás con emoción, felicidad y melancolía, pero sobretodo con gratitud. Gracias por haber formado parte de mi aventura y haberla hecho realidad! "

  • Foto propia de Instagram más aclamada:

    Nacimos para un proposito más grande que trabajar, pagar facturas y morir! No podemos olvidar centrarnos en vivir nuestras pasiones, hacer realidad nuestros sueños, conectar con nuestro entorno y acumular experiencias. Todo lo material acaba deteriorándose, pero las vivencias son eternas. Una experiencia de vida no se puede guardar bajo el colchón o en una caja de seguridad, pero sin embargo su valor es incalculable. Es tuya, nadie te la podrá arrebatar y te acompañará hasta tu último aliento. En vez de guardarla, lo más hermoso que puedes hacer con ella es compartirla con todo aquel que la sepa valorar. Lo importante es no olvidar que todos tenemos la tinta y el papel para escribir nuestro camino. #celebratedecisions #Amazonas #canoa #corcho @glenfiddichesp #SinMiedoNoHayAventura @whereisthelimitoficial @thinkingmu @wynotwatches @thesouthface (Foto Manu de Salvador)

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  • Viajar es...(En 3 palabras)
    Para "Colorado on the road" viajar es una apasionante aventura!

  • Su anécdota viajera:
  • Puffff tengo tantas…y no son breves de contar! Voy a compartir una de mis anécdotas favoritas de mi libro Solidario "La Anécdota 101":

    Desde el pueblo de Colchani, puse rumbo al mayor desierto de sal y a mayor altitud del mundo. A medida que me aproximaba al «acceso», me di cuenta de que estaba completamente inundado. Estuve observando qué ruta escogían los experimentados guías bolivianos al volante de sus todoterrenos, hasta que encontré un paso que no era tan profundo. Cogí aire y comencé a pedalear sobre el agua a medida que esta ganaba profundidad. En varios tramos, el agua me llegaba por las espinillas, pero Bucéfalo cumplió y juntos superamos el obstáculo. Ya estábamos dentro del salar de Uyuni.

    Tenía setenta y cinco kilómetros hasta la isla de Inkawasi, situada en el centro del desierto salado. La llanura era eterna; el suelo, firme, y la sal crujía bajo las ruedas. A 3660 m s. n. m., y próximos al ecuador, la radiación solar es muy intensa, y más aún al ser reflejada en la sal, por lo que cubrí cada centímetro de piel para evitar abrasarme, pero mi mayor enemigo fue el fuerte viento en contra que soplaba constantemente.

    Con las horas de luz, pedaleé contento y emocionado, disfrutando de la experiencia y cerrando los ojos durante largos instantes, a fin de cuentas no había nada contra lo que pudiera chocar. Me hipnotizó tanto la blanca llanura que no presté atención a lo lento que avanzaba, no disponía de ninguna referencia geográfica a mi alrededor y el viento frenaba mucho mi velocidad.

    Con el apasionante atardecer, me escudé en la esperanza de que el viento dejara de soplar con la oscuridad, y abarcar los últimos veinte kilómetros hasta la rocosa isla de Inkawasi sin complicación alguna, pero no fue así.

    En pocos minutos, estaba rodeado por la más profunda oscuridad, la temperatura cayó en picado hasta bajo cero, el viento sopló con más fuerza y mi avance fue lento bajo la débil iluminación de mi linterna. El verdadero reto había comenzado.

    Mi velocidad media era de 7 km/h y necesitaba pararme a descansar cada treinta minutos; a ese ritmo, tardaría tres horas y media en llegar a la isla. Me detuve totalmente agotado cuando estaba a diez kilómetros de llegar a mi objetivo. Dejé tumbado a Bucéfalo sobre la sal y me senté junto a él para que me protegiera del helado viento. Abrí una de sus alforjas y saqué una lata de cerveza que había reservado para celebrar una victoria que aún no había llegado. Apagué la luz de mi linterna y dejé que la oscuridad me envolviera por completo, estaba desesperado y sabía que dormir en la llanura era una invitación a la hipotermia. Dando el primer trago de cerveza, alcé la cabeza y me quedé embobado con un espectáculo irrepetible: millones de estrellas, polvo cósmico y constelaciones saludándome. Comencé a reír a carcajadas, me levanté emocionado gritando al infinito mientras saboreaba la cerveza de la victoria.

    En ocasiones, olvidaba la gran aventura que estaba viviendo debido a la dureza de los retos que enfrentaba, pero cuando recordaba por qué estaba allí, por qué lo hacía, la adrenalina explotaba en mí y no podía dejar de sonreír.

    Cuando levanté a Bucéfalo del suelo, lo hice convencido de mis dos opciones: llegar a la isla de Inkawasi o llegar a la isla de Inkawasi. A pesar del cansancio de la dura jornada, pedaleé los últimos kilómetros con más fuerza que cualquier otro del día. Una inmensa roca se alzaba en la planicie salada, y con ella un refugio que frenaba el viento y me proporcionó el campamento perfecto para dormir sin congelarme. A la mañana siguiente, pude seguir dos tradiciones de los cicloviajeros: tomar una foto utilizando la distancia como efecto visual y, también, pedalear desnudo.

    viajeros blogueros colorado on the road anecdota graciosa

 

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