Ya ni me acuerdo cuando llegué por primera vez a Marruecos, lo que si sé es que me cambio la vida, aquel primer viaje en autobús desde Valencia fue mi primer contacto con la aventura. Sus zocos, sus riads, sus dunas y sus montañas estaban hechas para mi. Pasamos casi un mes viendo pasar la vida con los marroquíes, asistimos a una boda, aprendimos a regatear todo, devoramos tajines y tras perdernos en todas las medinas siempre salimos con un amigo que tras el "prisa mata" y un té nos enseñaba como se vive en el norte de África.

Mi traslado a Francia me permitió visitar la capilla de Notre Dame du Haut, construida por Le Corbusier, en Ronchamp uno de los sitios que aparecían en el libro que es quizá el responsable de mi locura "Las maravillas del mundo" un libro que me ha hecho fantasear con la visita a todos los lugares nombrados en él.

Tras los pasos de grandes exploradores, mi segundo gran destino fué Turquía, una tierra rica en historia, con una cocina que quita el sentido, mi primer contacto con el aíran, Santa Sofía, Topkapi, el gran Bazar, la Mezquita Azul , los gritos de los vendedores de pescado en frente de la mezquita de Suliman, el Bósforo, las sirenas de los ferries, las llamadas a la oración desde los minaretes y el Hamman convirtieron a Estambul en mi ciudad preferida.

Deje Francia y Bélgica me acogió con los brazos abiertos. Bruselas ha sido mi segunda casa, una ciudad de vanguardia, poliglota, amable, histórica con todo diseñado especialmente para combatir ese cielo gris y esa lluvia fina que da depresión: la cerveza, el chocolate, y las patatas fritas.

Mi viaje por Europa del este me abrió los ojos a otro mundo que palpitaba y que tenia otro ritmo. Praga, Budapest, Viena, fue el preámbulo de un viaje a las antípodas.

Si has visto la película "El Señor de los Anillos" te habrás fascinado con esas altísimas montañas, bellos prados, ríos y llanuras. En Nueva Zelanda se puede recorrer las laderas de los volcanes activos, atravesar la remota selva virgen , caminar al lado de géiseres y barro hirviendo, o descubrir bosques con algunos de los árboles más grandes y más antiguos de la Tierra. Se puede nadar con delfines, ver ballenas, ver glaciares descendiendo desde la selva hacia el océano, y ver focas y pingüinos nadando alrededor de tu barco en los remotos fiordos.

En 2004 pasé seis meses en este impresionante país. Disfruté cada minuto. Los kiwis son en general personas amables, acogedoras , dispuestas a compartir su hermoso país y la cultura maorí. En este momento en mi vida, me prometí mantener estas emociones y darme una vez en mi vida la oportunidad de viajar por el mundo para descubrir otras culturas y ver lo que el mundo me aguardaba.

Después de visitar mas de 50 países me encuentro en Georgia y a partir de aquí todo lo que me pase, lo vas a tener que oír ...